Y lo celebramos porque nosotras lo valemos. Y porque el Cabalache no siempre celebra su 25 aniversario.
Empezamos por recoger lo imprescindible para ir de boda (evidentemente, todo prestado). Una visita rápida a nuestra querida jefa que nos pone un nudo en el cuello y nos hace recordar el sitio que más hemos odiado y más hemos querido... Queda pendiente una oda a Montigala!.
Y de regreso a casa, si antes se nombra antes aparece... pero vaya, más vale una imagen que mil palabras. El cámarero ya conoce los gusto, para mi un cenicero y para ella una cerveza. Pero esta vez necesitamos una mesa más amplia.
Y cenamos para celebrar que somos una pareja, y con un alarde de sinceridad que no me caracteriza explico millones de detalles de mi pasado y me sincerizo ante una atenta mirada. La sangría, siempre es lo mismo. Terminamos hablando de un tema universal poco tratado por nosotras, pero se harán cosas nuevas y queda claro quien hace y deja de hacer. Y hacemos un cubata en el bar donde no se podrá decir la H "asta el 15 de setiembre". Y nos damos cuenta que es una corrada y que no podremos ir en coce. Conversas en mesas vecinas similares a las nuestras. Un bus demasiado repleto de gente y una cerveza en el bar donde al golfo no le dejaban entrar por su manera de vestir.
Demasiado pronto para entrar a una discoteca donde controlan cuantas camisetas llevas. Pero la música esta bien, y las horas no pasan. Pero los cubatas y las cervezas se van sumando y cada vez bailamos más a nuestra manera y nos soltamos super emocionadas. Como en el salón de casa. Y bailamos más emocionadas cuando no vemos a la gente que en realidad no se ha ido. Pero no pasa nada, porque hoy me he levantado con la comida hecha, borracho y con ganas de potar.
Realmente era muy necesaria una noche de esas, sólo bailar y beber. Casi sin tiempo para cruzarnos 2 frases.
Sí, sí!! Boveda, Boveda!!